La reinvención profesional de Guadalupe hacia la gasolinera

Guadalupe administró una pequeña empresa de informática durante muchos años, disfrutaba encargándose del papeleo y sobre, todo de atender a los clientes. Pero un día, los socios acordaron que era momento de cerrar la empresa. Guadalupe pensó entonces que necesitaría ayuda para reinventarse profesionalmente y contactó con Itinere Talent para contratar un Proceso de Transición Profesional.

Guadalupe tuvo que comenzar por definir un objetivo que fuera motivante para ella y a la vez realista. Vivir en una ciudad pequeña puede suponer una limitación en este sentido por el tipo de oportunidades que se ofrecen. Guadalupe mostró su preferencia por trabajar de cara al público y su facilidad para realizar trámites informáticos.

Junto con su coach, elaboró entonces un curriculum vitae que reflejaba bien sus competencias profesionales, así como su potencial para adaptarse a un nuevo puesto de trabajo. Repasaron también algunos aspectos a tener en cuenta para transmitir una imagen sincera pero competente durante las entrevistas.

Y finalmente, se pusieron a analizar la oferta laboral en la zona, centrándose sobre todo en puestos administrativos o de comercio. Surgió también una oportunidad de trabajar como Expendedora en una gasolinera para hacer una sustitución de unos pocos días.

No era una de las opciones que inicialmente Guadalupe hubiera valorado, pero analizando la cuestión con su coach, lo tomaron como una escala intermedia que mejoraría su seguridad a la hora de acceder a otro puesto de trabajo más acorde con su objetivo. También le permitiría mostrar a futuros contratadores que aún tenía buena capacidad de aprender y adaptarse a nuevos entornos laborales.

De modo que Guadalupe aceptó este trabajo en la gasolinera mientras seguía buscando otras opciones. Y esas opciones llegaron, se incorporó a otra empresa para desempeñar un puesto administrativo. Lo que nunca había imaginado Guadalupe es que iba a echar de menos su trabajo en la gasolinera. Se dio cuenta de que lo había disfrutado mucho más de lo esperado, y también había recibido una excelente valoración por parte de compañeros y superiores.

Un mes después de trabajar como administrativo, la gasolinera ha vuelto a contactar con Guadalupe para ofrecerla un contrato más estable. Y Guadalupe no ha dudado en aceptarlo, deja su puesto más cómodo de oficina. Se siente muy feliz de poder realizar un trabajo que disfruta y en el que se siente realmente valorada.

 

Muchas veces, al elegir un camino profesional, rechazamos oportunidades por ideas preconcebidas; establecemos nuestros objetivos en base a prejuicios que pueden resultar erróneos, sin permitirnos probar distintas opciones hasta encontrar aquella actividad con la que nos sentimos realmente identificados. La historia de Guadalupe nos recuerda la importancia de estar abiertos a nuevos desafíos, y cómo a veces las experiencias inesperadas pueden llevarnos a encontrar nuestra verdadera satisfacción laboral.


El camino de Sol: superar obstáculos de la administración para el emprendimiento artesano

Sol es Diplomada en Relaciones Laborales, tiene un Máster en Prevención de Riesgos Laborales y estudió también un Ciclo Formativo de Grado Medio en Gestión Administrativa, aparte de otra formación complementaria relacionada con la gestión administrativa y de personal. Gracias a esta buena preparación, durante varios años trabajó realizando funciones administrativas, de atención al público y de Recursos Humanos.

Sin embargo, y aunque estas funciones no dejan de satisfacerla, por azares del destino, hace algunos años Sol descubrió su vocación como artesana, trabajando la seda. Al tiempo que desarrollaba un trabajo por cuenta ajena, Sol se fue formando en diferentes técnicas relacionadas con esta práctica, lo que la ha ayudado a ser cada vez más experta. Aunque ella considera que aún le queda mucho por aprender; de hecho, sin dejar de perder su toque tradicional, las técnicas artesanales no dejan de evolucionar con la incorporación de nuevos materiales y estilos. Esto es precisamente lo que a Sol le apasiona de la artesanía.

Este interés por seguir aprendiendo y creando, llevó a Sol a instalar su propio taller en casa. Al principio era solo una afición, pero pronto descubrió que sus diseños despertaban el interés de otras personas. Y Sol empezó a plantearse la posibilidad de crear su propio negocio de artesanía. 

Se informó sobre los requisitos para hacerse autónoma y finalmente se inscribió en un curso de Emprendimiento Artesano, que le resultó de gran utilidad para tener una visión global de lo que supone un proyecto comercial de artesanía. De modo que se sentía ya preparada para lanzar su emprendimiento artesano: vendería en ferias y tiendas de artesanía las creaciones que produciría en su pequeño taller doméstico.

Sin embargo, el entusiasmo de Sol se ha visto frenado al descubrir las regulaciones de su comunidad autónoma para dar de alta a nuevos artesanos. Exigen que su taller cumpla con ciertos requisitos de espacio y equipamiento que hoy por hoy para Sol son inviables. Considerando el coste adicional que supondría alquilar un espacio con estos estándares, Sol ha tenido que renunciar, al menos de momento, a poder cumplir su sueño de prosperar como artesana.

 

La historia de Sol destaca los desafíos que enfrentan muchos emprendedores creativos al intentar convertir su pasión en un negocio rentable, y subraya la necesidad de políticas más flexibles y accesibles para apoyar el espíritu empresarial en el sector artesanal.


La importancia de verificar información en un proceso de selección

Juan, técnico de selección en una consultora, comparte una mala experiencia que ha tenido con un candidato. Se ha sentido muy frustrado por un incidente que no había sufrido previamente durante su amplia trayectoria profesional, y reconoce haber cometido un error imperdonable por confiar en que las personas son siempre sinceras al presentar sus candidaturas.

Hace unos meses, la empresa de Juan comenzó a colaborar con un cliente del sector textil, y estaban en proceso de afianzar la confianza para convertirse en proveedor preferente de gestión de talento. Entre otras muchas incorporaciones, este cliente necesitaba contratar a un comercial y Juan se encargó del proceso.

Como es habitual en su trabajo, Juan comenzó reuniéndose con su cliente para hacer una buena definición del puesto a cubrir. Juntos establecieron las responsabilidades, condiciones económicas y el perfil del candidato ideal para ocuparlo.

En esa definición del puesto, no se requería ninguna formación previa específica, puesto que el plan de acogida de la compañía ya incluía la formación necesaria respecto al sector textil. Aun así, se determinó que sería valorable cualquier formación relacionada con el sector que aportaran los candidatos.

Con estas premisas, Juan continúo el proceso, preseleccionado a aquellos candidatos cuyo curriculum vitae se asemejaba mejor al perfil definido, y durante las respectivas entrevistas repasó con cada uno la formación que habían indicado en su historial profesional.

El error de Juan fue que, al ser un requisito solo valorable y no imprescindible, omitió solicitar a cada candidato justificantes de la formación que habían indicado tener. Sin embargo, en los informes correspondientes a cada candidato que presentó a su cliente, Juan sí incluyó todas las formaciones relacionadas con el sector que consideró interesantes.

Y ocurrió que, durante la entrevista que el responsable de la empresa textil mantuvo con uno de los candidatos, se puso de manifiesto que éste no había cursado realmente una de las titulaciones que indicaba, ya que abandonó la misma apenas unos meses después de comenzar.

Cierto es que repasar el aprovechamiento de esa formación, siendo su contenido más técnico, no era responsabilidad de Juan sino de la persona asignada por el cliente. Pero confirmar que el candidato contaba con esa titulación sí era un compromiso implícito que Juan tenía asumido como Técnico de Selección.

Por suerte en este caso, el cliente fue comprensivo con el “despiste” de Juan, pero para nuestro protagonista no dejó de suponer un mal trago esta situación y, desde luego nos destaca que en el futuro será mucho más cuidadoso con la información que pone en un informe sin asegurarse previamente de que el candidato ha sido sincero.

El candidato, por cierto, fue automáticamente descartado del proceso, cuando contaba con suficiente experiencia y motivación para haber sido la persona seleccionada.

 

Este incidente subraya la importancia de la honestidad en los procesos de selección y la responsabilidad de los seleccionadores de verificar toda la información proporcionada por los candidatos. Mentir en un proceso de selección puede resultar en consecuencias negativas tanto para los candidatos como para las empresas, ya que la integridad es un aspecto fundamental en la construcción de relaciones laborales sólidas y de confianza.


El viaje de Idoya hacia el redescubrimiento profesional

Idoya estudió arquitectura y realizó prácticas en un estudio de su ciudad natal, Burgos. Pronto encontró trabajo en una importante constructora multinacional, lo que la llenó de felicidad al poder colaborar en la construcción de un gran edificio cerca de su vecindario. Durante la construcción, disfrutaba presumiendo con amigos y familiares cuando pasaba por allí, deteniéndose para explicarles los materiales, técnicas y profesionales involucrados.

Sin embargo, con el tiempo, se vio envuelta en una sucesión de obras cada vez más lejos de casa. Al principio aún podía regresar los fines de semana, pero gradualmente esto se volvió imposible, dejándola exhausta y preocupando a sus padres por su salud.

Aunque se dio cuenta de que dedicaba demasiadas horas y energía mental a su trabajo, se sentía atrapada en una dinámica que parecía no poder cambiar. Fue durante la Semana Santa de 2023 cuando finalmente logró desconectar al unirse a su familia en una casa rural en Granada. Allí, mientras descansaba y compartía momentos con sus seres queridos, comenzó a replantearse su situación.

Se dio cuenta de que no era necesario seguir viviendo de esa manera y que existían otras oportunidades a las que podía acceder. Decidió buscar un nuevo trabajo que le devolviera la ilusión, y para asegurarse de no caer en la misma rutina, se puso en contacto con Itinere Talent para explorar opciones de transición profesional.

Con energías renovadas, Idoya volvió al trabajo decidida a cambiar su situación. Aunque las condiciones económicas podrían no ser las mismas, se siente plenamente satisfecha en su nuevo empleo en una constructora de Bilbao que solo realiza proyectos en la zona. Ahora, cada fin de semana, vuelve a pasear por las calles de Burgos y contempla con orgullo su primer edificio.

 

Esta historia de Idoya refleja la realidad de muchos profesionales que, atrapados en el torbellino de responsabilidades y exigencias laborales, se sienten incapaces de detenerse y considerar otras opciones. El agotamiento y la falta de tiempo para reflexionar pueden convertirse en obstáculos que impiden ver más allá de la situación actual. Sin embargo, como Idoya descubrió, darse el permiso para descansar y abrirse a nuevas oportunidades puede llevar a cambios positivos y una mayor satisfacción profesional y personal.


El desafío de liderar: la difícil decisión de prescindir de profesionales

Beatriz es una joven profesional que se licenció en Psicología para especializarse después en Organización y Gestión de RR.HH. Se ha sentido afortunada desde el principio de su trayectoria laboral, que comenzó enlazando las prácticas del máster con un contrato de Técnico de Selección y Formación en una importante empresa multinacional.

Tras unos cuantos años desempeñando de manera satisfactoria esta labor, hace unos meses decidió abandonar su zona de confort para asumir el reto que le ofrecía una startup en pleno crecimiento: encargarse del Departamento de Atracción y Desarrollo de Talento.

Durante las entrevistas previas que mantuvo con la Dirección de esta nueva empresa, Beatriz se interesó por las circunstancias que motivaron abrir una vacante para este puesto. Le revelaron que, la entonces Responsable, causaba baja por motivos familiares, y ninguno de los seis miembros del departamento contaba con la capacitación técnica ni la madurez profesional necesarias para sustituirla. Al parecer, un par de personas en el equipo mostraron interés por ocupar el puesto vacante, pero se les habían explicado los motivos por los que no se consideraba posible.

Ella era consciente también, y así lo compartió con sus entrevistadores, de tener poca experiencia en liderazgo, más allá de haber tutorizado a varias personas que realizaron prácticas con ella en su anterior empresa, pero sí había recibido buena formación sobre gestión de equipos, y a sus nuevos contratadores les convencían mucho sus ideas sobre motivación y desarrollo de las personas a su cargo.

Así que finalmente aceptó el puesto, con la ilusión de poder poner estas ideas en práctica. Tuvieron una cordial reunión de presentación, en la que la persona que dejaba el puesto a Beatriz la introdujo al equipo. Ella habló de fomentar un ambiente de trabajo positivo y de establecer una comunicación abierta y respetuosa, y se interesó también por las costumbres que tenían, porque su intención no era introducir cambios radicales, aunque sí tenían la misión encomendada por la Dirección de ir evolucionando como Departamento para asumir los retos de Talento que iba a requerir una gran empresa.

Beatriz se sintió muy cómoda en las primeras semanas. Hasta que una de las personas del equipo empezó a dar problemas, llegaba tarde, contestaba a Beatriz, llegó incluso a acusarla de no ser una buena jefa por no saber imponerse como lo hacía su antecesora, que les regañaba a unos delante de otros para que aprendieran cuando hacían mal las cosas o les levantaba la voz si no la obedecían.

Esto descolocó mucho a Beatriz, sorprendida de que anteriormente el Departamento hubiera sido gestionado de ese modo, pero explicó a su colaboradora por qué no consideraba adecuada esa manera de gestionar. Invitó a esta persona a comprobar que una gestión basada en la confianza entre líder y miembros del equipo puede funcionar mucho mejor, que las diferencias se pueden tratar de forma cordial sin necesidad de hablar a gritos, y que las críticas positivas de pueden hacer en público, pero cuando son negativas es preferible tratarlas de manera privada.

Estas palabras de Beatriz no solo no surtieron efecto sobre su colaboradora, sino que esta última cada vez tenía una actitud más desafiante. Así que Beatriz se ha tenido que enfrentar a una decisión realmente difícil, no es lo que esperaba al incorporarse en su nuevo puesto, pero tiene que despedir a esta persona, cuya actitud no solo está afectándola a ella, sino que empeora el funcionamiento general del departamento e, indirectamente, también de toda la empresa.

Ya lo ha hablado con Dirección y apoyan totalmente su decisión, que según la han comentado, debería haber tomado mucho tiempo antes. Quizá la lección más dura que Beatriz ha aprendido hasta ahora: aceptar que no todas las personas aprovechan adecuadamente las oportunidades que se les ofrecen y, en ocasiones, hay que tomar la difícil decisión de prescindir de ellas para proteger al resto del equipo.

Es el primer despido que ha tenido que decidir, pero sospecha que no será el último. También sabe que es muy importante asegurarse de que los demás miembros de su departamento entiendan esta decisión, y hacerlo sin despreciar a la persona que va a tener que marcharse después de haber trabajado tanto tiempo con ellos.

 

La historia de Beatriz refleja el desafío que enfrentan muchos líderes cuando se ven obligados a prescindir de profesionales que no se adaptan al equipo. Aunque es una decisión difícil y a menudo dolorosa, un buen líder debe estar preparado para enfrentar estas situaciones con determinación y empatía, para proteger la dinámica del equipo y garantizar el éxito a largo plazo de la organización.


Manuela: nunca es tarde para reinventarse

Manuela, una trabajadora del sector textil, comenzó su carrera en una fábrica pequeña de pantalones a los 18 años. Aunque estaba a gusto, una década después decidió cambiar a una empresa más grande porque le permitía conciliar mejor su vida familiar al ofrecerle turno continuo de mañana.

A pesar de la pena inicial por dejar a sus primeras compañeras, se alegró de la decisión tomada cuando su primera empresa cerró al jubilarse el propietario. Además, en la nueva empresa, su trabajo era más variado por la diversidad de prendas que trabajan, y cuentan con maquinaria más potente, que se va renovando cada cierto tiempo. Manuela no tuvo dificultad para adaptarse, tanto en la relación con nuevos compañeros como en los procedimientos de trabajo, y durante muchos años estuvo a gusto realizando tareas fáciles para ella.

Sin embargo, cuando sus hijos se independizaron, Manuela sintió un cierto vacío y se dio cuenta de que su trabajo ya no la llenaba por completo. Se enteró por entonces de que la empresa abría un proceso de selección para el puesto de Supervisor/a de Equipo y pensó que le gustaría el puesto, así que presentó su solicitud al departamento de Recursos Humanos.

Para Manuela supuso un pequeño disgusto saber que había sido seleccionada otra persona, pero consideró normal que, a su edad, pasados los 50, ya no se la tuviera en cuenta para asumir determinadas responsabilidades. Sin embargo, se sorprendió al descubrir que la nueva Supervisora era aún mayor que ella. Fue entonces cuando se animó a preguntar al Responsable de Recursos Humanos porqué habían elegido a una persona que, al venir de fuera, no conocía tan bien como ella el funcionamiento de la fábrica y a las personas del equipo. Y la respuesta fue contundente: para el puesto de Supervisor/a se requiere una formación que Manuela no tenía.

Esto hizo reflexionar a Manuela y, contando con tiempo libre por las tardes, se animó a matricularse para realizar estudios de Formación Profesional, primero "Técnico en Fabricación y Ennoblecimiento de Productos Textiles" y después "Técnico Superior en Diseño Técnico en Textil y Piel".

El comienzo fue difícil, al no tener el hábito de estudio, pero, a cambio, contaba con un conocimiento práctico de los temas que le resultó muy útil. También recibió gran apoyo por parte de los profesores y, sobre todo, se enriqueció a nivel personal de la relación con compañeros de estudio que, siendo mucho más jóvenes que ella, la acogieron con los brazos abiertos.

Con perseverancia y esfuerzo, Manuela completó sus estudios y, a sus casi 60 años, se ha convertido en Supervisora de Equipo. Además, está considerando nuevas oportunidades de aprendizaje para seguir creciendo personal y profesionalmente.

 

La historia de Manuela nos enseña que nunca es tarde para reinventarse y perseguir nuestros sueños. A menudo, nuestras propias limitaciones mentales son las que nos impiden avanzar. Manuela es un ejemplo inspirador de cómo superar obstáculos y seguir aprendiendo a cualquier edad.


Asumir riesgos me ayudó a adquirir seguridad profesional y disfrutar más a nivel personal

Hace algunos años, me ofrecieron la oportunidad de trabajar durante unos meses en un país africano, Guinea Ecuatorial. Me apasiona la docencia y me apasiona viajar, así que la vida no podía hacerme mejor regalo. Recibí la oferta con mucha ilusión y la acepté sin dudar.

Mi primer aprendizaje fue antes incluso de viajar. Mucha gente me preguntaba si realmente me iba a ir, se sorprendían de que lo hiciera. Incluso un compañero más joven que yo al que recomendé para una segunda plaza, en el último momento se echó para atrás…. ¿Miedo?

Por supuesto, me informé en la embajada sobre la empresa que me contrataba y sobre las condiciones en el país de destino. No se trata de hacer las cosas a lo loco o sin pensar. Pero con la información adecuada, asumir riesgos, para mi es relativamente fácil. Descubrí que no es así para todo el mundo, y como formadora y coach debo asumirlo.

Llegué un sábado a Guinea Ecuatorial, me llevaron a cenar en Malabo, la isla donde está el aeropuerto internacional, pero no consigo recordar dónde dormí esa primera noche. Es curioso cómo funciona la mente humana, que almacena unos recuerdos de por vida y deja otros en el camino sin prestarles ninguna atención. El domingo volé a Bata, la ciudad en la parte continental de Guinea donde pasaría los siguientes 4 meses. Y me instalé con otra compañera española en una especié de bungaló.

Pasé el lunes por la mañana en la oficina y a las 16.00 horas comenzó mi primer curso en Guinea Ecuatorial. Un curso de “Atención al Cliente en la Administración Pública” dirigido a personas con una cultura que apenas conocía. Un curso preparado desde España para un púbico guineano.

Además, en España, la formación para adultos no suele permitir más de 15 alumnos. Allí eran 30. Y que me perdonen (ya lo hicieron) mis queridos alumnos, pero en ese momento todos me parecían iguales. Iguales y vestidos como para acudir a una fiesta (¡los funcionaros guineanos son muy elegantes!), mientras que yo, la formadora, parecía más preparada para ir un safari. ¡Qué idea más distorsionada tenía de África cuando preparé mi equipaje!

No sé cómo pudieron alinearse los astros a mi favor, o simplemente porque olvidé el guion que traía preparado desde mi propia cultura y pude ir rehaciendo mi formación a partir de todo lo que aprendí de los propios asistentes y de observar el entorno…. Aquel curso salió bien, y le siguieron otros tantos durante los siguientes meses.

Y en pocas semanas yo era capaz de pasear por las oficinas de la Tesorería, reconociendo y llamando por su nombre a más de 150 alumnos. Espero que, de los temas que tratamos, en el aula y a veces también fuera de ella, les haya quedado alguna enseñanza útil. A mi desde luego muchísimas. Con algunos aún sigo en contacto (benditas redes sociales) y a todos les estaré siempre agradecida.

Creo que, por mucha experiencia que acumulemos, los formadores, como los buenos actores, debemos tener siempre mucho respeto al público al que nos vamos a dirigir y esto conlleva la importante responsabilidad de dar lo mejor de nosotros mismos. Desde que estuve en Guinea la primera vez, siempre que empiezo a trabajar con un nuevo grupo, no puedo evitar recordar aquel momento ante 30 maravillosas personas, y entonces tengo la seguridad de que nuevamente todo volverá a salir bien...

 

Esta historia nos muestra el crecimiento personal y profesional que se puede alcanzar al enfrentar situaciones nuevas y desafiantes. A través de la valentía de aventurarse en lo desconocido, podemos expandir nuestros horizontes, aprender de otras culturas y desarrollar habilidades de adaptación y resiliencia que son fundamentales en la vida.


El desafío de Nicolás: aprender a delegar

Nicolás, un veterinario especializado en alimentación animal, pasó muchos años trabajando para una mediana empresa donde se convirtió en la mano derecha del propietario. Aunque Nicolás llevaba todo el negocio en la práctica, se encontraba atrapado en un patrón de jerarquía que le obligaba a acatar demandas con las que no siempre estaba de acuerdo. Sin embargo, su educación le había enseñado a respetar la autoridad.

Después de darle muchas vueltas, Nicolás tomó la valiente decisión de lanzarse a emprender por su cuenta. Como CEO de una próspera empresa especializada en alimentos ecológicos para mascotas, Nicolás y su equipo ofrecen soluciones innovadoras en su sector y están obteniendo una buena aceptación por parte de los clientes.

La empresa ha crecido y ahora cuenta con un equipo de profesionales técnicamente excelentes. Sin embargo, Nicolás se enfrenta a un nuevo desafío: la gestión de este equipo.

A pesar de su deseo de no ser un jefe autoritario, a Nicolás a menudo le cuesta comprender las actitudes de los profesionales que trabajan con él. En su fuero interno, espera que cada colaborador actúe de acuerdo con las mismas pautas que él aplicaría , y no consigue entender que procedan en su trabajo sin tener en cuenta las recomendaciones que les da sobre cómo deben hacerse las cosas.

Esta cuestión es importante para Nicolás porque necesita sentir que su equipo está involucrado con los objetivos generales de la empresa, por lo que finalmente ha contratado a un coach profesional para ayudarle a mejorar en esta área. 

Su sorpresa ha llegado al descubrir su propia responsabilidad en el problema. Nicolás necesita aprender a confiar en su equipo y permitirles expresar sus propias ideas. Una forma diferente de pensar y actuar, no implica necesariamente falta de compromiso, e incluso puede ser un elemento de impulso para conseguir mejores objetivos.

 

La historia de Nicolás refleja un desafío común en muchas empresas: la necesidad de los líderes de aprender a delegar y confiar en su equipo. Al dejar de repetir el patrón aprendido de su anterior superior y permitir que su equipo desarrolle plenamente su potencial, Nicolás está en el camino hacia el crecimiento y el éxito continuo de su empresa.


Enfoque positivo: la determinación de Cristina en el Trabajo Social

Cristina es trabajadora social. No hace mucho tiempo que se ha incorporado a un servicio de atención a colectivos en situación de vulnerabilidad, y lo ha hecho con mucha ilusión porque siempre ha albergado el sueño de ayudar a otras personas a mejorar sus condiciones de vida, enfrentando las adversidades con determinación. Su ilusión por hacer una diferencia en la vida de quienes más lo necesitan es lo que la impulsa cada día.

Aunque no cesa en su entusiasmo y dedicación, Cristina se enfrenta a un desafío particular que no esperaba: lidiar con las quejas constantes de sus colegas con más veteranía. Si bien respeta sus puntos de vista y valora profundamente el conocimiento que, desde su apreciable experiencia, pueden aportar, le resulta difícil escuchar críticas constantes sobre aspectos fuera de su control, como la falta de recursos o la mala organización de su actividad que viene impuesta desde instancias superiores.

Por supuesto, no se trata de valorar si están justificadas o no estas quejas que continuamente ponen de manifiesto otros miembros de su equipo. De hecho, Cristina ha propuesto en varias ocasiones que se unan para solicitar a la entidad una mejora en esas cuestiones que les afectan, pero quienes más protestan también insisten en que no hay solución posible para sus problemas.

Y Cristina está convencida de que, poner el foco en esos aspectos de su trabajo, le resta efectividad a la hora de centrarse en lo realmente importante: ofrecer alternativas posibles y reales para mejorar la vida de los colectivos a los que presta servicio.

Ella siempre ha sido consciente de que cuenta con sus propias herramientas personales y su capacitación profesional para ayudar a las personas usuarias con las que trabaja cada día. Está decidida a hacer el mejor trabajo posible con lo que tiene a su disposición, y, si bien aprecia cualquier ayuda externa, se niega a dejarse consumir por quejas constantes sobre lo que falta.

 

La historia de Cristina refleja la determinación y el enfoque positivo de muchos profesionales que, como ella, ponen su atención en lo que pueden aportar y en seguir mejorando profesionalmente. Perder el tiempo lamentándose por lo que no está bajo su control, solo les causaría frustración e insatisfacción. Cristina sabe que centrarse en el progreso y la contribución es la clave para hacer una diferencia real en su trabajo.